No necesitas estar en tu tercera edad para ir a una residencia. Lo vemos en las residencias gallegas que se han ido convirtiendo en un cajón de sastre, donde cabe toda persona que no tiene cabida en su familia dadas sus condiciones de dependencia.
La Fiscalía Superior de Galicia advierte en su memoria anual de las consecuencias del envejecimiento de la población, una realidad que está aumentando los casos de demencias degenerativas y agravando la situación de las personas dependientes. Este fenómeno coincide con el debilitamiento progresivo de las redes familiares de apoyo, lo que dificulta la atención a quienes más la necesitan.
Según el informe, cada vez hay menos cuidadores disponibles para atender a las personas dependientes, una situación que está generando importantes dificultades para garantizar los cuidados necesarios. La falta de apoyo familiar y de recursos suficientes está favoreciendo el aumento de los ingresos en centros residenciales por situaciones de emergencia social.
Sin embargo, esta respuesta plantea un problema añadido: los internamientos no siempre tienen en cuenta la edad de las personas afectadas ni sus necesidades específicas. Como consecuencia, pueden convivir en un mismo espacio usuarios jóvenes, mayores de 18 años, personas de avanzada edad y pacientes con patologías psiquiátricas.
La Fiscalía habla de esta situación de difícil convivencia como quien habla de la lluvia. Y no va a llover sino que está lloviendo. Vemos en residencias, como la Residencia asistida de maiores de Oleiros, conviviendo ancianos y ancianas con personas con edad para ser sus nietos. Pero todo se calla y nada se cuenta. A las familias que tienen al abuelo con necesidad de comer purés, cambio de pañal y cambio postural en la cama, no les importa que el compañero de mesa en el comedor sea una persona con un problema psiquiátrico grave o que proceda de una institución penitenciaria. Tampoco les importa que haya una jovencita tirándole los tejos al abuelo o que la abuela se vea engañada por una compañera de habitación que trapichea con el papel higiénico o con el azúcar que pide de más a las camareras de comedor.
La Fiscalía habla por hablar de un problema social y asistencial que exige respuestas adaptadas a cada situación. El envejecimiento demográfico, la escasez de cuidadores y la fragilidad de las redes familiares evidencian la necesidad de reforzar los recursos de atención y buscar alternativas residenciales que garanticen una convivencia adecuada y una asistencia acorde con las necesidades de cada persona.
No me parece una situación ideal una residencia que es un cajón de sastre. La Fiscalía se lava las manos enviando las emergencias sociales a las residencias antes de ancianos y ancianas. El gobierno del PP del señor Rueda en la Xunta de Galicia nada dice y menos hace. Las familias de las ancianas y ancianos no saben ni quieren saber o saben y no quieren saber, que viene a ser lo mismo. Las trabajadoras y trabajadores vemos, oímos y callamos. Los dirigentes de las residencias se lo pasan muy bien cobrando sus sueldos y explotando al personal como si estuviéramos en una esclavitud del siglo XXI "aceptada" porque "es lo que hay".
Quien meta a sus mayores en una residencia en Galicia debería mirar donde los mete. Vayan a la residencia, miren los compañeros y compañeras que van a tener sus abuelos y abuelas. Miren también las instalaciones. Preocúpense por las comidas que les sirven. Interésense por lo que les dejará hacer el centro. Y no le dejen mucha calderilla al abuelo o abuela porque puede ir a la cafetería del centro a tomarse unos vinos. Sí, en las cafeterías de estos centros pensados para personas dependientes se venden bebidas alcohólicas. Creo que el señor Rueda, presidente de la Xunta de Galicia, no lo sabe..., ni lo quiere saber.
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