En las últimas décadas, España ha sufrido graves tragedias sobre las vías, destacando como la peor del siglo XXI el descarrilamiento del tren Alvia en Angrois (Santiago de Compostela, 2013), que causó 80 muertes y más de 140 heridos tras tomar una curva con exceso de velocidad. Previamente, en el año 2006, el descarrilamiento en la red de Metrovalencia provocó 43 fallecidos, consolidándose como el accidente de metro más grave en la historia del país. En el ámbito de la colisión entre trenes, el choque frontal en Chinchilla (Albacete, 2003) se saldó con 19 víctimas mortales debido a un error humano de señalización en vía única. Ya en el año actual (2026), antes de la catástrofe ocurrida hoy en Toledo, el siniestro de alta velocidad en Adamuz (Córdoba) dejó un trágico balance de 46 personas fallecidas tras chocar un tren Iryo y un convoy Alvia de Renfe.
Hoy se suma un nuevo brutal accidente en torno a las 8:54 de la mañana en un tramo entre las localidades toledanas de Urda y Los Yébenes. Un tren AVE de la compañía Renfe, que circulaba a unos 200 km/h con cerca de 400 pasajeros a bordo, embistió por detrás a un convoy de la empresa privada Iryo que se encontraba totalmente detenido en la vía. A causa del fortísimo impacto por alcance, los vagones traseros del tren de Iryo y parte del AVE descarrilaron de forma violenta y terminaron precipitándose por un terraplén de grava, quedando varias estructuras destruidas.
Son muchos los siniestros. Tal vez el fallo está en el mismo concepto de alta velocidad. Hemos querido hacer trenes que volaran como los aviones y esos trenes nos han llevado a más accidentes y a accidentes con un mayor número de personas muertas. Los trenes tienen que ser trenes.
Es hora, pues, de replantearse la alta velocidad. Incluso deberíamos replantearnos la vida misma. ¿A dónde vamos con tantas prisas? ¿A dónde vamos con tanto móvil? ¿A dónde vamos geolocalizados? ¿A dónde vamos siendo un hola y un adiós y no siendo nunca un estamos?
Bajemos la velocidad de la vida para recuperar una existencia de calidad. Disfrutemos. Vivamos. La vida es una vela que se apaga y se apagará más pronto si vamos corriendo porque con cualquier soplo de aire se nos cae la llama.
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MARÍA REY
ECONOMISTA
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