domingo, 16 de agosto de 2026

Más azúcar del necesario en la bollería: una práctica que Froiz debería revisar

La cantidad de azúcar que consumimos a través de los alimentos procesados y de la bollería merece cada vez mayor atención. No se trata de cuestionar que las personas puedan disfrutar ocasionalmente de un croissant, un bollo de leche o una empanada de manzana, sino de plantear si es necesario añadir todavía más azúcar a productos que ya contienen ingredientes dulces. Cuando un establecimiento tiene capacidad para decidir cómo se elaboran y presentan sus productos, también puede contribuir a que estos sean menos azucarados.
En el supermercado Froiz de la Avenida de Oza, 16, en A Coruña, se observa esta práctica en la sección de panadería y pastelería. Algunos productos, como los croissants, los bollos de leche y otras piezas de bollería, presentan una cobertura o acabado de azúcar que resulta excesivo y que, en determinados casos, parece completamente prescindible. No se trata únicamente del azúcar que pueda formar parte de la receta, sino de cantidades adicionales colocadas en la superficie del producto, que incrementan innecesariamente su dulzor y su contenido en azúcar.
El caso de las empanadas de manzana resulta especialmente llamativo. La abundante cantidad de azúcar que presentan en el exterior hace que su aspecto recuerde incluso al de productos tradicionalmente cubiertos de azúcar, como un roscón. La manzana ya aporta dulzor y el producto puede resultar atractivo y apetecible sin necesidad de añadir una capa tan generosa de azúcar. Reducir este añadido permitiría ofrecer una alternativa más equilibrada sin que ello suponga renunciar a la elaboración ni al atractivo de los productos de panadería y pastelería.
El problema no es que la bollería contenga azúcar: es evidente que se trata de productos que deben consumirse con moderación. La cuestión es si resulta necesario añadir azúcar adicional cuando no es imprescindible para la elaboración del producto. En un momento en el que existe una creciente preocupación por el consumo excesivo de azúcares libres, parece razonable que los establecimientos revisen aquellas prácticas que pueden incrementar su presencia de manera innecesaria.
Por ello, sería deseable que Froiz revisara la cantidad de azúcar empleada como cobertura o acabado en sus productos de panadería y pastelería y valorase reducirla sustancialmente. Una medida tan sencilla permitiría mantener productos atractivos y apetecibles, al tiempo que se evitaría añadir cantidades de azúcar que parecen innecesarias. No se trata de prohibir la bollería ni de decir a los consumidores qué deben comer, sino de pedir a quienes elaboran estos productos que hagan un uso más responsable del azúcar añadido.
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